Un jour, je cesserai d’émettre

Algún día, dejaré de emitir

No significará que, en el aleatorio de mi sentir

Habré cesado de generar algo, por ti, por nosotros

Por ahora sigo: para mí, para nosotros

Signo, quizás, de que hay que decir y mostrar

Que la desilusión se puede tocar como si fuera un cuerpo

Lo mismo que el de la ausencia

Todo se confunde, por eso no hay ciencia

Mi energía negra se compone de deseo, amor, pensamiento

Sin negar la tristeza y el dolor

Cosa que no se puede medir o solucionar

Salvo usando remedios que me puedo fabricar

Esa materia extraña es tanto el veneno como la cura

No sirve para nada pasar su tiempo cubriéndola

Esa cosa que fluye desde dentro mío hacia lo que se puede

Alcanzar, agarrar, como la guardia viva de mi ser

Y de la miseria, por lo fácil que son los sonidos

Que, por lo menos, abren mundos

Unos de esos remedios son esas formaciones sin huesos:

Los recuerdos. Como el de desnudarse por horas

En esa cama que me quemó tanto la calma: del sueño

Sino la mía, nuestros cuerpos al reposo en sábanas negras

Que ambos tenían gracia y ese algo misterioso, que los ligaba

O esa hora cuando, lejos, de cara a cara en la pantalla

Silencios bajo luces de plata, de luna: un instante de oro

Y los tiempos de charlas, interminables y profundas

Llenas de proyectos y esperanzas: juntos

Aliados en las noches, hasta las dos o mucho más tarde

Y las combinaciones de momentos, que ardían

Criando cuerpos de tinta o pintura, de tantas notas, páginas y tachaduras

¿Todo esto, echado al malestar y el mundo de la nada?

No pienso, y de hecho, lo escribo aquí

Adquiriendo paciencia y sabiduría

Hasta que abras y veas, del buen lado de tus cerraduras

Lo duro que fue estar, lo duro que fue salir

Y que, de aquel actual otro mundo de infelicidad, sí, se puede

Laborar en nuestro campo estelar, para levantar otra estrella

Jean-Marie Loison-Mochon

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