Teatro del ordinario
Ese inmueble equivale a un pequeño teatro
El de la vida, al fin
Al fondo de los pisos se esconden ruidos
No hay que ser especialista sonoro para hacerse un dibujo
Incluso olfativo, de esas presencias que curiosamente
Se evitan lo más que pueden
Ponen máscaras de ausencia, para parecer como invisibles
Eso no significa que se preocupen por no hacer padecer a los demás
Los ruidos de la vida, unas vías que los otros no eligieron tomar
En esos días todos parecidos, separados por paredes, techos, bajo un solo tejado
Inmueble hecho por pobres, para los pobres
Recién expulsaron a uno, como una pulga
¿Para volverlo vagabundo?
Ese tipo de purga, supuestamente, es común
Ese tipo vivía aquí desde hacía décadas
Algo tipo… dos al menos, por una decadencia
Algún día que la puerta no se abría
Desde dentro del edificio, él me abrió
Con su cara tipo 50, y una mascara media enojada, media rojiza
La de alguien que solía gozar de la vida, y luego, la vida lo trajo 20 años más tarde
Como un objeto, sí, a través del tiempo y de los tragos
Y hay otros papeles, otras máscaras, que se parecen mucho
A lo lejos en el horizonte del tiempo, se puede escuchar un mismo pulso
Otro tipo, 25 años más joven
Un cuarto de siglo, menos, haciendo su vida sin disciplina
Como si estuviera en su cuarto de niño, con subidas de ánimo
Pequeñito animal ruidoso militando por nada más que sus pequeñitos soldados
Acostumbrado, quizá, a vivir encerrado en un mundo
Como submarino, porque lo divertido es eso
Que es militar, a veces ausente, a veces excesivamente existente
Bastante ausente de sí mismo
Y hay bastantes existencias así…
Que juegan su papel en aquel teatro
Con referencias distintas, sin normas compartidas
Hay que abrir las ventanas, escuchar a los silbidos
De unos pájaros que gritan desaprobación o cantos
Pero que, al contrario de los humanos, comunican
En un lugar hay comunidad de sentidos
En una sociedad, pasa lo mismo que en la naturaleza
La realeza pertenece a aquellos que dominan, o aquellos otros que vencen a la dominación
Veo toda la suciedad, el polvo que los seres dejan
En aquel teatro, cuando afuera se llamaría lodo, bosques, a veces oro
No comunicamos, nos aislamos, porque tenemos espacios limitados
En los cuales las vidas se reducen
Y se luce a través de cada día que pasa
Cotidiano sin solidaridad o escucha, el pan tiene gusto a soledad y ruidos de ducha
Con pajaritos extrañísimos que llevan máscaras
Sin comunicar, al menos que aquel humo por la ventana…
Que justo abajo sean signos, mandados con la intención de no molestar con sonidos
Al menos que solo sea la vieja solita y su tabaco compartido
El humano se pierde en su modernidad, no desempeña el papel de la piedad
Si uno se vuelve cuidadoso, es porque padeció la falta de cuidado
Solo hay que pagar la cuenta, y con todo esto, lo cuento
Extracto de aquel teatro que no tiene nada de extraordinario
Sus cortinas nunca paran de caer y levantarse, es un movimiento en algo fijo
Es decir, el inmovilismo de la miseria, compartida
Compañeras, compañeros, del mismo triste ordinario
Jean-Marie Loison-Mochon