No todos los hombres

Ese tipo me preguntó por el dinero

Cada uno fiel a su condición, habremos hablado

Más que conversado, por ejemplo, porque…

Él convertía cada una de mis palabras

En su molino, en su… es un prisma, que deforma

Convertía cada una de mis palabras según su visión

¿Para fortalecer?

Las convergencias de sus aguas turbias: sus certidumbres

Hacia su castillo mental, detrás del cual se escondía

Fortaleza que esconde sus debilidades y falta de confianza

Es un tipo que recorre la ciudad, más por sus nombres que por sus lugares

Así controla una cierta visión

Con toda la bruma que hay en el mundo, él eligió creer que sabe

De la ciudad como de un territorio que domina

Sabor evanescente, fútil, hasta vano

Porque ¡hombre! No se puede llenar la vaciedad

Pero él va con todo en aquel camino, alimentando su parroquia mental

Casi mintiéndose, diría yo, pero aquella visión le pertenece solo a él

En nuestras teorías de la humanidad, ni somos primos

Primero porque elegimos vidas distintas

Segundo porque él se cree primero

Son secreciones de la boca que lo dicen

No son palabras, frases o ideas: son reflejos

Que su pensar emite frente a su propio espejo

Él pregunta, preguntó, pero no espera una respuesta

Distinta de lo que sí pueda entender, clasificar, validar

Porque así le enseñaron a vivir: en lo valido, en la validez

Es decir, poco valiente, porque poco se aventura hacia el desconocido

Es decir, una valija llena de vacío, con la cual solo se puede vacilar

Pero serán malas bromas, porque con aquellas preguntas solo hace permanecer

Una corriente viciosa, una moraleja viscosa

No sé si él se entretiene tanto de esto

Mas creo que le permite conservar unas bases al interior

A pesar de que no sepa conversar, a pesar de que su castillo esté hecho de humos

Algunos que son de los más tóxicos: uno se dice desprecio

Le hace masticar y masticar siempre las mismas perspectivas

Lo que no es parecido a lo que conoce, tiene que ponerlo bajo tierra

¿Para ver si crece?

Para ver de qué clase soy, me preguntó por los libros

Aquellos que leo, aquellos que escribo

Midió mis lecturas, me dio las suyas

Lo que se conoce, los éxitos, incluso -si se puede-

Unos que le den una posición divergente, al margen, colonizando sus pensamientos con posturas

Y me preguntó de los libros, hasta saber si era una impostura

Que yo escribiera de verdad, haciendo preguntas como una rata

Masticando, masticando

Para ver si la pobreza, para ver si la fuerza

Para ver si había más confianza que en su campo

Me pareció tan extraño hablar con una mente potencialmente joven como la mía

Pero ya en descomposición

Misma generación, misma edad y, por lo tanto…

Midiendo nuestros hombros, mirando en sus ojos que huían los míos

Viendo que no todos los hombres son hermanos

Jean-Marie Loison-Mochon

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