Félins sur un même fil
Te digo Minotaura ¡y eso!
No por casualidad, sino precisamente
Porque eres un ser mitológico, sin edad, sin piedad a veces
En el laberinto de nuestros inconscientes
El hilo sigue vivo, en las guerras de nuestras penas
Hay que elaborar un camino, borrar los pasajes con paredes
Hay que dibujar paisajes nuevos
Y en el cielo abierto, sabes que tenemos los modelos
¡Tus fuerzas eran tan humanas! Y estelares
Desposeída de ti misma tantas veces
Porque pertenecías a otro mundo, otro continente:
Otras zonas del inconsciente
Me fui a buscarte en el limbo, de tiempo en tiempo
Balada silbada en el caos
Para rescatarte o escaparnos
Del orden dado por un rey de nada
De entrar e ir a matar la magia
Que hay en tu sangre, entre los tramos de piel y nervios
Electricidad mágica que fluía
Y que por mi parte, sin huir por tanto tiempo
Pude captar, yo mismo captivado por el altar
Que dibujaba nuestro movimiento en el viento
Éramos abismos y cumbres, pero eso lo sabíamos
De esos extremos solo podía nacer un evento mayor
Que se llamaría poesía, amor, niño, niña
Te comportaste como un huracán en el océano
Me comporté como costas y montañas
Bajo las mías, te di un lugar, te dediqué caricias
Porque sabias que esas tormentas tuyas yo las podía absorber
Hasta padecer unos derrumbos creados por mis fallas
Montañas pueden caer sobre sí mismas
Eso se llamaría erosión o castillo nuevo
A veces, contigo, sentía el castigo divino
De algo que me gritaba sin el menor sonido
Amenaza de una cosa capaz de devorarme
¿Crees que me demoré en llegar en tu vida?
¿O tú en la mía? Para salvar esas partes de nuestras almas
Que se llamaron a través del espacio
Que se entendieron sin hablar un idioma común
Salvo aquello que algunos oráculos nos prometieron
Lo del amor, de sus olas negras que emitieron
Hasta hoy y la calma falsa en la superficie del océano
Farsa que la muerte intenta concretar
Cuando aquello invisible que nos une está fuera de ese peligro
Porque felinos sobre el hilo, yendo hacia el otro
Sabemos que no se puede caer en cualquier trampa
Jean-Marie Loison-Mochon